En algún lugar del mundo dejé la esencia de mi alma; jamás creí volverla a ver...
Con el paso del tiempo la vida fue tornándose más compleja, enmascarada de egoísmo, desánimo, y mentiras.
El marca pasos de mi corazón aumentaba la fugaz idea de desvelar la verdad de mi ser, la ocultaba en rencor, ira. Suplicaba porque alguien le ayudase a reencontrar el camino de la luz, esa paz que siendo mi alma y mi cuerpo tan pequeño olvido, y que se quedo en esa crisálida empolvada de pasado.
Un día, la luz llegó, sorpresiva como la vida, como la divinidad en todo su esplendor; vi la luz, ahondé en el recoveco de mi corazón y mi alma; simplemente le dije si a la vida.
Atravesé el muro del miedo. Mi marca pasos gemía de dolor, pero seguía presente.
Por último me vi en el acantilado finisterre de mi vida, con el corazón roto, de oro puro ensuciado de miedo; lo vencí y salte a ese vacío, a ese renacer de mi alma.
Hoy digo que el tránsito de todo esto ha valido la pena. No solo he abandonado esos viejos hábitos (o al menos estoy en el intento de modificarlos), y la sensación de plenitud invade en la mayoría de los días esa gratitud. No puedo mentir, hay ocasiones, en las que me siento abandonado, como cuando niño: alejado de lo real, viviendo en esa cómoda y aburrida condición, prisionero de las decisiones de otros; arrastrado por esa oligarquía a la que no pertenezco.
Es verdad... Mi verdadera familia está compuesta por los amigos que he consolidado a lo largo de mi existencia. No me apena saber que mi familia biológica esté, o en el caso, estemos distanciados por cuestiones mundanas. La simple verdad, es que a esa familia que he creado, la puedo contar con los dedos de manos y pies. Dios, la divinidad, como le llamo, nunca se equivoca, y en cada paso que doy, siempre me bendice.
Es por ello, que siempre digo que todos los que pensamos que nos hacen daño, en realidad,son nuestros maestros de vida. Ellos, con todo lo negativo que podamos ver y sentir, son los que nos muestran el camino por el cual vamos a enfocarnos y a dirigirnos; no es fácil reconocer esto, pero la gratitud y la disposición a tener una mente abierta nos dará la oportunidad de ver situaciones desde diversos puntos, tomar una decisión madura y afrontar las consecuencias, buenas, y malas. Mejor dicho: objetivamente.
Iesus H Naguchi.

